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Etimológicamente, comunicar procede del latín communicare, que puede ser traducido como compartir, conectar, poner en común o incluso contagiar. Esto es una buena base para comprender la importancia del concepto en tu organización. Da igual que se trate de un paciente, un compañero o un proveedor. Si no somos capaces de crear a través de la comunicación contextos que nos pongan en común y faciliten el entendimiento, lo tenemos complicado.

Vale, pasar de la teoría a la práctica no es siempre fácil. Por eso te traemos algunas claves para terminar con tus problemas de comunicación y puedas ser más eficaz.

 

Ser directos y claros

Sin perder nunca el respeto a nuestro interlocutor, es importante aprender a expresar nuestras ideas de forma clara. Por lo que es necesario tener claro qué vamos a decir y confiar en nosotros mismos. También es necesario evitar el vocabulario que pueda confundir, muy técnico y sin sentido en ese momento (tu equipo seguro que te entiende cuando os ponéis técnicos, pero los pacientes no tienen vuestra formación…y muchas veces no sabe de lo que les estáis hablando). Adapta siempre tu vocabulario a tus interlocutores: la sencillez mejora la agiliza la comunicación.

 

Trabajar la escucha activa

La comunicación, para que sea efectiva, necesita sí o sí de una respuesta. Por ello es tan importante lo que decimos como entender el mensaje de nuestro interlocutor. Y para ello es clave lo que conocemos como escucha activaescuchar con conciencia plena. Por tanto, no es oír a la otra persona, sino estar concentrados en el mensaje que quiere comunicar. Escuchar no sólo lo que nuestro interlocutor está expresando directamente, sino intentar entender también los sentimientos que apoyan el mensaje.

 

Pásalo todo por el filtro de la asertividad

Se entiende mejor con un ejemplo: Un amigo te pregunta si puedes ir a por él a la estación de tren. Te va fatal porque tienes mucho trabajo, pero como no quieres que se enfade contigo, le dices que sí. La mayoría aceptamos estas situaciones mientras nos damos cuenta de cómo perdemos el respeto por nosotros mismos. Y un día, llegamos al límite y estallamos, lo que tiene unas consecuencias desastrosas. Para que esto no pase, debemos a prender a ser más asertivos.

La asertividad es una de las habilidades comunicativas básicas. Consiste en defender tus derechos, expresar tus opiniones o realizar sugerencias sin caer en la agresividad o la pasividad, respetando siempre a los demás pero respetando sobretodo tus necesidades.

  

Aprender a escuchar…

Sí, a escuchar. De oír somos todos capaces, pero no estamos siempre preparados para escuchar. Ser capaces de atender al otro con apertura, a pesar de que nuestras posturas no sean las mismas (algo muy común), facilita las cosas y nos permite llegar a entendernos.

 

…y aprender a preguntar

Nadie te dice que debas tener siempre las respuestas. Para que la comunicación llegue a buen puerto debes ser capaz de expresar abiertamente las dudas que no permiten lograr un entendimiento claro.

Es importante darse cuenta de que la duda crea malentendido y que el malentendido es uno de los peores enemigos de la comunicación.

 

Tener paciencia

Dice el refrán que la paciencia es la madre de todas las ciencias…y por lo tanto también de la Comunicación. No sabemos esperar, no estamos entrenados para tomar una decisión. Queremos que todo sea rápido, que sea ya…aunque eso signifique equivocarnos. Pero la paciencia es una excelente virtud en cuanto a comunicación se refiere. Si aceleras el ritmo natural de la comunicación (que depende en gran medida de tu interlocutor) tus habilidades comunicativas sufren. Ten paciencia: si necesitas volver atrás y explicar algo, hazlo sin problemas… Tu interlocutor te lo agradecerá.

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